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lunes, 24 de junio de 2019

Nuestra pequeña guerrera ha terminado infantil


Hace mucho tiempo que, a pesar de las ganas, no escribo en el blog por falta de tiempo. Pero hay ocasiones en las que merece la pena retomarlo y poneros un poco al día de nuestras historias. Y ahora que con la nueva maternidad vuelvo a sentirme inspirada voy a recuperarlo, ¡tengo mucho que contaros! :)

Este año la niña de mis ojos ha terminado la etapa de infantil. De manera inmejorable, feliz por ir a primaria y a la vez un poco triste por la bonita etapa que deja atrás.

Parece que fue ayer cuando busqué aquel ansiado embarazo, cuando estaba embarazada de ella y os hablaba de mi ilusión por ver a mi pequeña, de su desarrollo, de su parto (os debo el relato del parto de su hermano pequeño), de la lactancia en tándem que fue junto a su hermano mayor…

Parece que fue ayer, también, cuando nos vinimos a este pueblo, ella tenía la misma edad que tiene ahora su hermano pequeño (siete meses) y su hermano mayor, de cuatro años, aún no iba al cole. Me acuerdo bien de cuando dio sus primeros pasos, cuando comenzó a hablar, dejó el pañal…tantos hitos y momentos emocionantes que me dejo muchísimos en el tintero pero que llevo grabados a fuego en mis recuerdos y en mi corazón.

Y así, sin darme apenas cuenta, mi hija querida ha terminado infantil, mi princesa guerrera pasa ya a primaria y todavía me cuesta creérmelo, significa que crece a toda prisa. Y lo más importante, lo hace del mejor modo posible: feliz.

Los que me seguís desde el principio y todas mis amistades sabéis que yo siempre he sido una dura detractora del sistema educativo actual que vivimos en este país, que lo he criticado siempre que no me ha gustado algo y que tenía clarísimo que mi niña, mi pequeña, no pisaría el cole hasta los seis años. Pero, cosas de la vida, ella finalmente sí ha ido a infantil y hoy, que ya lo ha terminado, puedo decir que ha sido para ella una experiencia única, positiva y muy enriquecedora en muchos sentidos. Y en eso ha tenido que ver la suerte, sí, la suerte de haber estado acompañada durante tres años de una maestra que ha sabido tratarla exactamente como ella ha necesitado. Una maestra con la que repetiría un millón de veces.

Cuando las madres y padres dejamos a nuestros pequeños por primera vez en el cole sentimos mucha pena y emoción al mismo tiempo. Sentimos que nuestros bebés ya dejaron de serlo, sentimos que se cierra una etapa, especialmente si hemos tenido la enorme fortuna de poder criarlos personalmente durante esos tres primeros años de vida, como ha sido mi caso.

No sabemos si estarán bien…o no, no sabemos si están llorando, si nos echan de  menos tanto como nosotras a ellos. Sentimos que somos las únicas que sabemos qué necesitan y que podemos darle exactamente eso. Y es cierto, no hay nadie como una madre para cuidar y amar a sus hijos.  Así que, cuando los tenemos que dejar en un lugar a menudo desconocido para nosotras, con gente desconocida que no sabemos ni de dónde ha salido ni cómo será con nuestros hijos, que no sabemos si sabrá cuidar de ellos como se merecen, sufrimos, sufrimos bastante y con razón. Y esto se incrementa cuando criamos desde el respeto y la empatía, pues no todo el mundo piensa en esto como un sistema válido de enseñanza.

Así que, por todo esto, yo tenía claro que mi niña no pisaría infantil. Pero resulta que, cosas de la vida, fue precisamente ella la que me pidió ir al cole. Ella veía a su hermano allí, veía las aulas, el ambiente…y, tras una larga charla con ella de los pros y los contras, decidimos en familia que la matricularíamos en 3 años. Teniendo claro que, si ella no estaba feliz, no volvería.


Aún recuerdo su primer día, ella tenía una mezcla de emoción y miedo. Estaba deseando pero a la vez no sabía qué se iba a encontrar y su mirada lo decía todo. Recuerdo verla subir las escaleras con sus compañeras, irme y salir con lágrimas en los ojos. Yo sí que tenía miedo… miedo de que mi pequeña guerrera sufriera, de que dejara de ser ella misma para limitarse simplemente a obedecer. De que perdiera su imaginación y su creatividad entre tanta ficha y trabajo dirigido. Pero no, resulta que la personalidad fuerte y arrolladora de mi pequeña sigue intacta y más fuerte que nunca y no os imagináis qué orgullosa me siento de ella.


Han pasado tres años de ese momento y podemos respirar tranquilos y felices. Ella ha hecho montones de amistades, ha aprendido un montón, se ha quejado todo lo que ha necesitado, ha llorado siempre que ha tenido que ser así y ahí ha estado su madre (y también su padre) para defender sus derechos y su seño Rosa para respetarlos siempre y hacerla sentir escuchada y valorada. Ha sido una niña muy feliz en la escuela, pese a nuestros miedos. 
Y la verdad, me siento muy agradecida por haber tenido la enorme fortuna de dar con una maestra competente y llena de amor y cariño a su trabajo. Porque eso marca la diferencia, eso ha logrado que mi hija, a sus seis años, sea una niña tan feliz. Su seño tiene mucho que ver en eso ya que es la tercera persona adulta que más tiempo ha pasado con ella en los últimos tres años.

Quien me conoce personalmente sabe que se me da bastante bien escribir pero no tanto hablar con la gente, ya que mi fobia social hace de las suyas en muchas ocasiones, especialmente cuando se trata de expresar sentimientos o emociones, ya que me siento insegura, me suelo trabar y parezco lela cuando hablo, mezclo palabras o simplemente, no sé qué decir.

Pues esta mañana he ido a recoger las notas de los peques y, por supuesto, me he despedido de la maestra de mi hija, aunque quizá no del modo que me hubiera imaginado, ya que no quería terminar llorando como una magdalena, que me conozco. Dura que se muestra una (de puertas para fuera, que, dentro, mi alta sensibilidad me hace llorar por mil razones mucho menos importantes). Así que al irme me he quedado con la sensación de haberme faltado muchas cosas por decir, por expresarle, pero simplemente no he sido capaz.

Me hubiera gustado darle las gracias por cuidarla tan bien durante estos tres años, por comprender sus llantos los primeros días, por intentar consolarla, por no juzgar sino apoyar, por confiar en nosotros y en nuestro estilo de crianza, por ayudarla siempre que lo ha necesitado, por animarla en sus días malos, por hacerla reír en tantas ocasiones. 

Agradecer que, como padres, hayamos podido participar todo cuanto hemos querido y podido en clase, leyéndoles cuentos, jugando con ellos, enseñando cosas interesantes...

Darle las gracias por escucharla, por atender sus necesidades, por comprender que a veces simplemente necesitaba soledad y otras necesitaba un empujoncito para entablar nuevas amistades, por permitirle ser ella misma en todo momento, por animalarla a serlo, por darle los estímulos que ha ido necesitando en cada etapa para conseguirlo, por tener tanta paciencia, por confiar en ella y en sus capacidades, en su desarrollo, sin prisas pero sin pausa. 

Por ayudarla a aprender, por enseñarla, junto a nosotros, a ser mejor persona. Y por quererla tanto. Tanto como para que tanto a nosotros como a ella nos quede un buen recuerdo de su paso por nuestra vida y la recordemos siempre con una sonrisa. La vamos a echar tanto de menos...

En definitiva, le agradezco su buen hacer porque realmente ha sido una maestra maravillosa, que no solo ha conseguido que “sus niños” hayan aprendido todo el contenido curricular que tocaba, sino que también les ha enseñado valores y ha logrado que mi hija siga siendo la misma niña feliz, risueña y llena de creatividad y alegría que era cuando la dejé el primer día en sus manos. No podría sentirme más feliz. Así que claro que le doy las gracias y con todo el corazón.

Y agradezco a la vida por seguir viendo crecer a mi pequeña, ver cómo sigue superando etapas y que sigue siendo esa pequeña guerrera que me trae de cabeza cuando se pone cabezota y saca su gran carácter pero que a la vez me hace sentir tan orgullosa y feliz de ser su madre.
En septiembre, a por una nueva etapa.

viernes, 29 de septiembre de 2017

De niñas que "se hacen fotos como putas" y hombres que se excusan en ello.

Hacía ya mucho tiempo que no escribía...pero hoy he tenido que hacerlo. En realidad, llevaba varios días queriendo hacerlo.

Hace unos días, el señor Emilio Calatayud, juez de menores de la ciudad de Granada, hizo algunas declaraciones en directo en un programa de televisión hablando sobre el ciberacoso y, a lo largo de estas declaraciones, soltó perlas como que “ es que, actualmente,las niñas se hacen fotos como putas”.
Tras el gran bombardeo de críticas (bien ganadas) que obtuvo en las redes sociales después de estas declaraciones, el señor tuvo a bien intentar “arreglar” el asunto añadiendo que no quería decir eso, que lo que quería decir es que “hay niñas y niños que se hacen fotos como si fueran putas y putos”… Y de verdad piensa el buen hombre que ha arreglado algo…en fin.

Y yo, como madre de dos niños (niña y niño) no salgo de mi asombro, ya que jamás comprenderé que, una vez más, se culpe a la mujer de lo que le ocurre, como si ellos, los hombres, no tuvieran nada que ver. Bueno sí, desgraciadamente lo comprendo…y me siento profundamente indignada con esto.

Y es que esto va mucho más allá, porque no estamos hablando de mujeres adultas, sino de niñas, menores de edad. Cuando el hecho de que una niña se eche una foto con una minifalda o pantalón corto o enseñe escote hace que existan hombres que sean capaces de excitarse sexualmente viéndolas y que incluso las acosen y violen…el problema no está en las niñas, señores, el problema está en ustedes, los hombres, que son tan asquerosamente babosos y depravados que son capaces de sexualizar la imagen de una niña pequeña en favor de sus placeres.

Le voy a contar una historia. Una vez, hace ya muchos muchos años, cuando yo era pequeña, estuve de visita en una casa.
Entre todos los que allí se encontraban, había un hombre ya entrado en años que estaba de visita también. Era verano, había niños y niñas en casa y los niños y una de las niñas, muy pequeña, de unos 5 añitos, iba desnuda por la casa, cosa natural en cualquier hogar si lo pensamos. La niña se le sentó encima a este señor (eran familia) con toda la inocencia y naturalidad del mundo. Este hombre tuvo a bien soltar un comentario totalmente fuera de lugar: - ¿no ves qué cuerpo tan bonito?, si es que…luego dicen que pasan cosas, si se te sientan así desnudas encima…-

Yo entonces era muy pequeña y no me enteraba de nada, pero mi madre sí y desde entonces, poco a poco, dejamos de tener contacto con este hombre. Mi madre, directamente, no quería ni que me vieran más…pensando en aquel desafortunado y asqueroso comentario a la niña entre otras muchas cosas más. Con los años lo comprendí y a día de hoy pienso en lo asqueroso y vomitivo de aquel momento y en cómo hubiera reaccionado yo como adulta si esa niña fuera mi hija…

¿De quién era el problema señor Calatayud? ¿De la niña pequeña por ir desnuda y provocando sentándose sobre este hombre?, ¿de los padres, que le permitían ir desnuda a la niña por su propia casa aun cuando había visitas? No, rotundamente NO. Ni esa niña ni los padres tuvieron culpa de que ese hombre, depravado y asqueroso, sintiera impulsos sexuales porque una niña de 5 años, desnuda o no, se le sentara sobre las piernas. La culpa era SUYA, del hombre, capaz de sentir placer a través de observar a una menor desnuda o con poca ropa…ni más ni menos que lo que sigue ocurriendo en la actualidad, quiera usted verlo o no.

Los niños pueden vestir como mejor les plazca. Con bermudas, pantalones cortos, camisetas largas o cortas o incluso ir sin camiseta por la calle en pleno verano… Desgraciadamente, muchos niños también son acosados, abusados y violados, pero en este caso, nadie, NADIE les echa la culpa, nadie dice que es que posaron sin camiseta o con pantalón corto o bañador… (aunque usted haya querido “arreglar” el asunto incluyendo a “los niños que posan como putos”, que ya es el colmo) Porque no, no tuvieron ninguna culpa. Pero las niñas tampoco.

Estoy más que harta de que siempre se nos intente echar la culpa de todo lo malo que nos ocurre a las mujeres. Y no solo pensando en acoso y violaciones, sino también en violencia machista o violencia de género (es que lo provocó, es que iba vestida como una puta, es que salía por las noches, es que iba sola por la calle…), o durante nuestra maternidad (El niño está así porque lo malcrías, porque le das teta, porque lo coges en brazos, porque eres demasiado blanda, porque no le das una buena hostia…). Si el niño enferma o sufre un accidente, más de lo mismo, la madre estará en el punto de mira desde el primer momento…siempre, siempre la mujer será la culpable de todo lo que les pase a sus hijos y, por supuesto, de lo que le pase a ella misma.

Y, desgraciadamente, viendo cómo está el patio en cuanto al machismo y misoginia más asquerosos y recalcitrantes que siguen existiendo en nuestra sociedad a pesar del paso de los años, esto va a seguir siendo así a no ser que luchemos de una maldita vez por obtener el respeto que nos pertenece. Y para que esa lucha tenga algún efecto, necesitamos de su apoyo, señor Calatayud, del apoyo de usted, que es una persona mediática y de todos los hombres, de los padres que educan a sus hijos en la igualdad real entre hombres y mujeres y en que a la mujer y a los niños se les respeta. No hay más vuelta de hoja.



Y hablando de sociedad… ¿acaso no se hipersexualiza ya a las niñas desde la cuna?, ¿de verdad usted no se ha parado a pensar que el entorno ya les enseña a las niñas desde pequeñas que una mujer perfecta, una mujer deseable, debe ser guapa, alta y delgada, debe ir maquillada, entaconada, ceñida y enseñando escote?
¿ De quién es la culpa entonces?, las niñas no visten y posan así para provocar a esos hombres pederastas y asquerosos, ellas lo hacen para sentirse guapas, porque esa es la imagen que la sociedad les ha hecho creer que es la correcta.





Como madre de una hija de 4 años, desgraciadamente sé bien de lo que hablo. Pocas son las muñecas para niñas que no van ya maquilladas como puertas y con ropas muy muy ceñidas, con tacones o plataformas… (pensemos en las Bratz`s o en algunas Barbies, por poner un ejemplo). Promocionan maquillaje para niñas, uñas postizas para niñas, cumpleaños tematizados de princesas spa que se “cuidan” haciéndose manicura, peinándose como adultas y utilizando tacones y atuendos más propios de mujeres adultas que de niñas. Concursos de belleza infantil en los que se premia a la más maquillada y a la que mejor pose en posiciones cargadas de erotismo... Y de los disfraces ni hablemos…porque todos los indicados para mujer ya están hipersexualizados (enfermera sexy, monja sexy, policía sexy…) y para las niñas, en cuanto superan la talla de los 10 años…más de lo mismo.


Esa es otra, la ropa, el mercado de la moda infantil. Señor Calatayud, ¿ha ido usted por casualidad a cualquier centro comercial y ha observado la zona de ropa infantil? Para las niñas, encontramos multitud de ropa que son copias exactas de la ropa de mujer adulta más llamativa y atrevida, pero en miniatura: Leggins muy ceñidos y pantalones de tiro muy muy bajo, camisetas cortas que enseñan el ombligo, pantalones minúsculos, sujetadores y bikinis con relleno para niñas pequeñas…. Una locura que, seguramente, esté diseñada por hombres, por supuesto.

Y ¿sabe usted qué?, que, aunque una niña utilice este tipo de ropa porque le guste o sus padres la vean adecuada para ella (créame, no hay mucho más donde elegir y si nos gusta tampoco es nada malo) la niña podrá vestir como le salga del alma sin que esto suponga que cualquier adulto asqueroso y depravado quiera satisfacer sus deseos sexuales sobre ella. ¡Que no!, que la culpa no es de las niñas, que posan en las fotos como putas, ¡que si usted, de repente, siente un impulso sexual al ver una foto de una niña con shorts poniendo morritos, el problema no es de ella, es de usted! y es de todos los hombres, ¡DE LOS HOMBRES, COÑO! De esos hombres que se aprovechan de esta situación para cometer delitos contra esas menores ya que, existen jueces como usted, que las culpa a ellas en vez de defenderlas.

Como buen juez de menores que ha demostrado ser en unas cuantas ocasiones, apoye usted a las menores, a esas que son violadas, acosadas y abusadas, defienda su derecho a ir vestidas como les de la real gana, a que puedan ir solas por la calle cuando tengan edad sin miedo a ser raptadas y violadas, a ser asesinadas, siempre, siempre por un hombre. A que se echen fotos como les salga de las narices sin que esto se convierta en una excusa barata para que, ustedes, los hombres, sigan 
violándolas, acosándolas y abusándolas.


Estoy muy harta ya… ¡Abra los ojos!

viernes, 16 de diciembre de 2016

Vamos de compras: SORTEO "MamiChic, collares de dentición y lactancia"

Hace ya algún tiempo que tengo ganas de revivir el blog, de volver a escribir en él todo lo que nos va ocurriendo, cómo mis pequeños amores van creciendo y cómo siguen enseñándome cada día.
Y qué mejor momento que ahora que se acerca Navidad para hacerlo, por eso hoy quiero hacer un post muy especial para todos vosotros y ofreceros la posibilidad de ganar un estupendo regalo para estas fiestas.
Y por eso y como punto de partida para volver al ataque, os propongo un SORTEO y os quiero presentar una empresa especialmente pensada para mamás y bebés que tienen productos realmente preciosos y muy útiles y que además nos ofrece un maravilloso lote de productos para que lo sortee entre todos vosotros:)

Mamichic es una marca líder en la fabricación de productos de silicona para la dentición. Sus productos son los únicos que se adaptan a los estándares más exigentes de agencias internacionales como la FDA (Estados Unidos) o la CE en Europa. Cuentan con sellos de calidad internacionales que acreditan su inocuidad: están libres de BPA, Ftalatos, Cadmio, metales pesados, PVC, etc... presentes en muchos de los plásticos y objetos cotidianos que nos rodean y exportan sus artículos a más de 27 países.

Si te preguntas qué hacen exactamente seguro que te encantará conocerlos. Hacen collares diseñados para que lo lleve la mamá y que el bebé pueda morderlos con absoluta seguridad. Además, son un estímulo sensorial para el bebé desde el nacimiento y pueden ser usados primero como collar de lactancia y después como collar-mordedor.

lunes, 14 de marzo de 2016

Mi instinto me dice...

Mi instinto me pedía desesperadamente traerte a mi vida.

Mi instinto me dijo que estabas ya creciendo en mi interior cuando aún siquiera tenía certeza ni pruebas de que existías.

Mi instinto me dijo quién eras, me llevó hasta tu nombre y a llamarte así aún sin confirmarme si eras niño o niña.

Mi instinto me llevó a saber qué hacer durante el embarazo, a cuidarte, abrazar mi barriga y a través de esto abrazarte a ti, cuidarme para cuidarte.


Mi instinto me pidió que nacieras de la manera más natural posible, quería traerte a este mundo de manera respetuosa aunque en algún momento no me dejaron esa opción.

Mi instinto gritaba tenerte sobre mi pecho en cuanto saliste de mí, abrazarte, darte calor, espalibarte un poco con mi mano acariciando tu espalda..


Mi instinto me llevó a no apartarte de mí desde ese instante.

Mi instinto me dio la necesidad y las ganas de ponerte a la teta mientras te abrazada y miraba embelesada, de intentarlo una y otra vez hasta que te agarraste con todas tus fuerzas alimentando tu cuerpo y también tu alma, dándote la paz que horas antes tenías dentro de mí.

Mi instinto me llevó a seguir alimentándote con mi leche a pesar de todos los consejos y afirmaciones que me llegaban por todos lados, esos que tanto me hacían dudar en algunos momentos de mi capacidad para alimentarte.

Mi instinto me hizo, nos hizo, conscientes al llegar a casa, de que tu lugar para dormir no estaba en tu fría cuna que te teníamos perfectamente preparada sino a mi lado, bien pegadito, pegadita a mí.

Mi instinto me dijo que necesitabas estar conmigo todo el tiempo mientras fuiste bebé, que necesitabas estar en mis brazos y sentir mi calor y mi corazón. Me costó comprenderlo y desaprender lo que me habían dicho tantas veces: “lo vas a malcriar”, “llora para manipularte”, “es bueno que llore, no lo cojas enseguida”…pero lo logré y fuimos, entonces felices de verdad.

Es por esto que, una vez más, mi instinto me llevó a atender tu llanto en cuanto me hacías saber que necesitabas algo cuando llorabas.

Con el tiempo, mi instinto me enseñó a comprender que eras único, que cada bebé es diferente y que no tenías por qué dormirte a las ocho de la tarde ni levantarte temprano, que querías esperar a papá a que llegara del trabajo para regalarle una sonrisa antes de dormirte a mi lado.

Mi instinto y tu manera clara de comunicarte conmigo me dijeron que no querías nanas, ni muñecos, ni móviles, ni luces, ni juguetes, ni chupetes para dormir tranquilo, me necesitabas a mí, a tu lado, y a tu teta. Nada más… Una vez más tuve que desaprender eso que tantas veces escuché de “te usa de chupete”.

Mi instinto, con el tiempo, me ayudó a reconocer tus llantos, saber si tenías hambre, si te habías hecho caca, si sentías miedo, si te molestaba algo o si sólo necesitabas estar en mis brazos para sentirte seguro y tranquilo.

Mi instinto, a pesar de mi miedo, me dijo que no estabas preparado para papillas de cereales, leche de fórmula y comida cuando el pediatra a los cuatro meses nos indicó que te atiborráramos de comida, por eso, al ver tu rechazo, mi instinto me dijo que no lo necesitabas, tú sólo querías teta y que te dejaran de experimentos…con mi leche tenías más que suficiente. Me costó quitarme el miedo pero logré superarlo y confiar en ti.

Y sí, mi instinto me dijo que debía confiar en ti, que tú mejor que nadie sabías cuándo estabas saciado, cuándo tenías sueño o cuándo era el momento de juego para ti. Cuándo me necesitabas cerca y cuándo estabas dispuesto a separarte un poco para comenzar tu momento de independencia.

Mi instinto me habló claramente cuando, con siete u ocho meses comenzaste a querer conocer el mundo por tu cuenta y sentías pánico a que me separara de ti. Que ese miedo era real. Comprendí que necesitabas más que nunca mi presencia, que no sabías si volvería o no incluso cuando iba al baño, así que busqué la forma de llevarte siempre conmigo, incluso al baño, sí…donde más adelante irías andando agarradito y te engancharías a tu teta sin importarte ni el sitio ni lo que yo estaba haciendo…

Mi instinto, también con el tiempo, me enseñó a predecir, días antes, cuándo estabas poniéndote malito, malita, cuándo te sentías mal…y lo sigue haciendo.

Mi instinto me dijo “ten paciencia, todo está bien así” cuando comenzaste a tener berrinches, a exigir lo que deseabas con todas tus fuerzas, a gritarme, a pegarme, a decir NO, a frustrarte con el mundo al descubrir que no todo es como uno desea…

Y gracias a ese instinto aprendí también que había llegado el momento de ponerte límites por tu seguridad, por la nuestra, para enseñarte a lidiar con la frustración de otra forma. Aprendí que debía ponerle nombre a tus emociones y enseñarte esas emociones para que comprendieras qué te sucedía.
Poco a poco fue calando en ti y buscamos alternativas no violentas a esas sensaciones y emociones.

Mi instinto me dijo que no eras ese “niño consentido” que muchos aseguraban que eras (bueno, tú y todos los niños) sino que estabas creciendo, madurando, tus ganas de independencia iban creciendo y yo debía estar a tu lado para acompañarte en el proceso y ayudarte cuando lo necesitarás (y lo necesites, porque sigues necesitándolo), tú solo no podrías aunque muchos me dijeran que sí.

Cuando llegó la hora de la “escolarización” mi instinto me habló una vez más, de ti, hijo mío, me dijo que aún no estabas preparado, que esperara si era posible. De ti, hija, me dice que ya estás lista y que deseas probar. Si una vez allí mi instinto me dice que no estás bien tendré claro qué hacer.

Mi instinto, en esos periodos en los que apenas quieres probar bocado, me ha enseñado con el tiempo que no debo preocuparme, que debo seguir confiando en ti, que estás bien, solo que ahora creces más lentamente y no necesitas comer tanto, que debo dejar de preocuparme tanto. Otras veces lo devoras todo y sé que te toca dar un buen estirón…

Mi instinto me dice que, cuando te pones nervioso, te frustras o te enfadas y sueltas todas esas palabrotas que aprendiste por ahí, o te enfadas conmigo, o respondes mal…mi instinto, me dice que estás entrando en una edad difícil, que no sabes lo que dices ni lo que haces, que actúas desde la ira y que es mi responsabilidad enseñarte, una vez más, a lidiar con nuestras emociones de otro modo, huir de la violencia y aprender a gestionar la ira de forma que no dañemos a nadie…aunque aún me cuesta mucho, lo reconozco, mi instinto me dice que seguro acabará por calar en ti como siempre lo ha hecho y dejarás de comportarte así si te contengo y te doy mi amor aun en esos momentos en los que me dan ganas de desaparecer.

Mi instinto me dice que todavía me necesitas como cuando eras mi bebé, que aunque estás creciendo a pasos agigantados y ya no eres mi bebé y eres cada vez más independiente, necesitas sentirme cerca, dormir a mi lado, saber que estaré ahí cuando lo necesites y saber que puedes confiar en mí.

Mi instinto me dice que debo apoyarte en todos tus proyectos, tus pasiones y tus ilusiones si estas no dañan a nadie más. Solo así sentirás la seguridad suficiente como para llevarlos a cabo. Ya tengas 3, 6 o 30 años, mamá seguirá apoyándote mientras le queden fuerzas.

Mi instinto me dice que debo darte alas, fuertes, bien fuertes y grandes, para que logres tus metas y tus sueños, que para ello debo darte la certeza y seguridad de que, si caes, podrás volver al nido tantas veces como necesites hasta que emprendas el vuelo y vueles alto, muy alto, mucho más alto de lo que volé yo…

Un día serás adulto y te marcharás de aquí para emprender tu propia vida, tal y como hice yo en su día, por eso me alegro tanto de que, al final, haya aprendido a dejarme llevar por ese instinto maternal que me dice qué debo y qué no debo hacer, de haber aprendido a ignorar tanto consejo desde el desconocimiento y no pedido que me han dado y me dan…porque al menos, habré contribuido a hacerte un poco más feliz durante todo este proceso de crecimiento durante tu crianza y más allá.

Tu madre no es perfecta, ¿verdad cariño?, me enfado, grito, a veces puedo ser injusta, otras puedo parecer injusta porque aún no comprendes bien por qué no puedes hacer algunas cosas, incluso a veces puedo sentirme tan mal que puedo llegar a ser cruel contigo y decirte algo que te duela en el corazón. Lo sé y te pido disculpas. Al fin y al cabo soy humana además de tu mamá, cometo errores, ya ves que los adultos también hacemos cosas mal, pero siempre intento mejorar, siempre intento dejarme llevar por ese instinto para respetarte, a ti y a tu forma de ser todo cuanto esté en mi mano, para ayudarte a crecer siendo el niño, la niña maravillosa que eres hoy.
Cuando me dices: -¡Mami, eres la mejor mamá que tengo!-, aparte de hacerme reir me haces sentir dichosa y feliz, me haces sentir que al fin y al cabo no lo estaré haciendo tan mal y que es la sociedad la que se empeña y le interesa hacernos sentir culpables a las madres.

Gracias por convertirme en madre y hacer que apareciera ese maravilloso instinto maternal…porque cambiaste mi forma de ser para bien, me hiciste ser mejor persona y luchar cada día por mejorar más y más, por vosotros, por los demás, por mí misma.

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