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martes, 11 de agosto de 2015

Nuestro reflejo en nuestros hijos

Observar nuestra forma de actuar y enfrentar la vida reflejada en el comportamiento de nuestros hijos en ocasiones nos hace sentir orgullosos, pero no siempre es así, también se refleja lo malo, lo peor de nosotros.
Esto hace que nos demos cuenta del inmenso trabajo interior que tenemos por delante, que somos el principal referente de nuestros hijos y que ellos harán y actuarán como nosotros lo hagamos.

Quizá no te guste lo que te voy a contar, es normal, a todos nos pasa, es difícil asumir que tenemos la enorme responsabilidad de ser el ejemplo directo de nuestros hijos, que nuestro comportamiento, nuestras carencias emocionales recaen directamente en lo que transmitimos a nuestros hijos como padres, pero así es.
No te culpo, a nadie, a mí también me ha pasado.
Y es que estamos sometidos a un modelo de sociedad y de vida muy duro, que nos mantiene estresados, sobrepasados, ansiosos...y cuesta mucho a veces mantener la cordura, incluso por nuestros hijos.
A esto hay que añadirle los patrones de comportamiento y crianza que todos llevamos interiorizados desde nuestra infancia y que, sean buenos o no, nos gusten o no, a veces salen irremediablemente y de manera automática.

A la hora de ser consciente de esto a mí me ayuda mucho pensar en mis hijos.

Si para ti es válida la violencia en determinados momentos, para ellos también lo será,
si tú desprecias a las personas por su condición, género, raza, religión, etc delante suya, ellos también lo harán tarde o temprano,
si eres mal hablado/a, chavacano en tus palabras, ellos también lo serán.
Si eres dejado, desordenado, si no te esfuerzas en conseguir lo que deseas de manera sana, ellos entenderán que esa es la manera válida de hacer las cosas.
Si te quejas por todo, ellos también lo harán, no te quepa duda.
Si te burlas de ellos, los etiquetas, los insultas, los amenazas, los chantajeas, los manipulas, los ignoras, si nunca estás disponible cuando te necesitan y todas sus necesidades te parecen chorradas, si te molesta que sean y se comporten como niños, ellos no sólo sentirán que no les importas, que no son lo que tú esperabas de ellos y que su autoestima no vale nada, que se lo merecen, no sólo se sentirán sólos e incomprendidos, también interiorizarán que está bien tratar así a un niño e imitarán tu forma de tratarlos en cuanto tengan ocasión: con su hermana/o pequeño, con sus compañeros, amigos...incluso con nosotros mismos.
Si respondes de manera violenta a la frustración ellos aprenderán que esa es la forma de librarse del estrés, del enfado, de la frustración.

Si gritas por todo, si la falta de paciencia te hace perder los nervios y pasas el día gritando y regañando, ellos pensarán que todo lo hacen mal y además, aprenderán a responder a gritos como tú.

Si tú no eres feliz con tu vida y/o tu p/maternidad, ellos se sentirán mal e incluso culpables. Ellos tampoco serán felices. Se dan cuenta de más cosas de las que tú piensas.

Estos son sólo algunos ejemplos...

 Aquí no vale el "haz lo que yo diga pero no lo que yo haga " No podemos, por ejemplo, exigir a nuestros hijos que no digan palabrotas si nosotros nos pasamos el día diciéndolas delante de ellos .

Nunca olvides que los niños son como esponjas, lo absorven todo, más aún lo negativo y aprenden por imitación de sus adultos de referencia.
Tus hijos son tu fiel reflejo, te guste o no.

También debo decirte que diferencies entre comportarse como un niño, con todo lo que conlleva, y comportarse tal y como lo hacemos nosotros, como un adulto en miniatura, comportamientos que se salen de los comportamientos inocentes de un niño.

Amigo/a, mírate en el espejo de tus hijos. Observa cómo son y cómo se enfrentan al mundo. Si ese reflejo no te gusta, si te parece que se portan mal no los culpes a ellos, ellos no son los malos, los dictadores, los mal hablados, los mal educados, los quejicas, los violentos, los estúpidos, los lloricas.... Amigo, antes de culparlos a ellos, piensa que son, en gran parte, tu reflejo.

No los castigues, no sirve de nada, salvo para agravar la situación, en cambio, enséñales qué es lo correcto A TRAVÉS DE TUS ACTOS.

Mírate a ti misma/o, perdónate y trabaja interiormente eso que deseas cambiar en tus hijos. EMPIEZA POR TI, enfréntate a tus demonios y gana la batalla, aunque sea dura merece la pena por mejorar, por ti, por ellos.

No te olvides de que tú eres su ejemplo a seguir durante el resto de sus vidas.
Ellos, con los años, tendrán su propia personalidad y está en gran medida se habrá formado durante su infancia.

SÉ EL ADULTO QUE QUIERES QUE TUS HIJOS SEAN EL DÍA DE MAÑANA.

1 comentario:

  1. Gracias por esta visión de la crianza. Es cierto que es muy importante ver que somos el ejemplo de nuestros hijos.

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