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lunes, 14 de marzo de 2016

Mi instinto me dice...

Mi instinto me pedía desesperadamente traerte a mi vida.

Mi instinto me dijo que estabas ya creciendo en mi interior cuando aún siquiera tenía certeza ni pruebas de que existías.

Mi instinto me dijo quién eras, me llevó hasta tu nombre y a llamarte así aún sin confirmarme si eras niño o niña.

Mi instinto me llevó a saber qué hacer durante el embarazo, a cuidarte, abrazar mi barriga y a través de esto abrazarte a ti, cuidarme para cuidarte.


Mi instinto me pidió que nacieras de la manera más natural posible, quería traerte a este mundo de manera respetuosa aunque en algún momento no me dejaron esa opción.

Mi instinto gritaba tenerte sobre mi pecho en cuanto saliste de mí, abrazarte, darte calor, espalibarte un poco con mi mano acariciando tu espalda..


Mi instinto me llevó a no apartarte de mí desde ese instante.

Mi instinto me dio la necesidad y las ganas de ponerte a la teta mientras te abrazada y miraba embelesada, de intentarlo una y otra vez hasta que te agarraste con todas tus fuerzas alimentando tu cuerpo y también tu alma, dándote la paz que horas antes tenías dentro de mí.

Mi instinto me llevó a seguir alimentándote con mi leche a pesar de todos los consejos y afirmaciones que me llegaban por todos lados, esos que tanto me hacían dudar en algunos momentos de mi capacidad para alimentarte.

Mi instinto me hizo, nos hizo, conscientes al llegar a casa, de que tu lugar para dormir no estaba en tu fría cuna que te teníamos perfectamente preparada sino a mi lado, bien pegadito, pegadita a mí.

Mi instinto me dijo que necesitabas estar conmigo todo el tiempo mientras fuiste bebé, que necesitabas estar en mis brazos y sentir mi calor y mi corazón. Me costó comprenderlo y desaprender lo que me habían dicho tantas veces: “lo vas a malcriar”, “llora para manipularte”, “es bueno que llore, no lo cojas enseguida”…pero lo logré y fuimos, entonces felices de verdad.

Es por esto que, una vez más, mi instinto me llevó a atender tu llanto en cuanto me hacías saber que necesitabas algo cuando llorabas.

Con el tiempo, mi instinto me enseñó a comprender que eras único, que cada bebé es diferente y que no tenías por qué dormirte a las ocho de la tarde ni levantarte temprano, que querías esperar a papá a que llegara del trabajo para regalarle una sonrisa antes de dormirte a mi lado.

Mi instinto y tu manera clara de comunicarte conmigo me dijeron que no querías nanas, ni muñecos, ni móviles, ni luces, ni juguetes, ni chupetes para dormir tranquilo, me necesitabas a mí, a tu lado, y a tu teta. Nada más… Una vez más tuve que desaprender eso que tantas veces escuché de “te usa de chupete”.

Mi instinto, con el tiempo, me ayudó a reconocer tus llantos, saber si tenías hambre, si te habías hecho caca, si sentías miedo, si te molestaba algo o si sólo necesitabas estar en mis brazos para sentirte seguro y tranquilo.

Mi instinto, a pesar de mi miedo, me dijo que no estabas preparado para papillas de cereales, leche de fórmula y comida cuando el pediatra a los cuatro meses nos indicó que te atiborráramos de comida, por eso, al ver tu rechazo, mi instinto me dijo que no lo necesitabas, tú sólo querías teta y que te dejaran de experimentos…con mi leche tenías más que suficiente. Me costó quitarme el miedo pero logré superarlo y confiar en ti.

Y sí, mi instinto me dijo que debía confiar en ti, que tú mejor que nadie sabías cuándo estabas saciado, cuándo tenías sueño o cuándo era el momento de juego para ti. Cuándo me necesitabas cerca y cuándo estabas dispuesto a separarte un poco para comenzar tu momento de independencia.

Mi instinto me habló claramente cuando, con siete u ocho meses comenzaste a querer conocer el mundo por tu cuenta y sentías pánico a que me separara de ti. Que ese miedo era real. Comprendí que necesitabas más que nunca mi presencia, que no sabías si volvería o no incluso cuando iba al baño, así que busqué la forma de llevarte siempre conmigo, incluso al baño, sí…donde más adelante irías andando agarradito y te engancharías a tu teta sin importarte ni el sitio ni lo que yo estaba haciendo…

Mi instinto, también con el tiempo, me enseñó a predecir, días antes, cuándo estabas poniéndote malito, malita, cuándo te sentías mal…y lo sigue haciendo.

Mi instinto me dijo “ten paciencia, todo está bien así” cuando comenzaste a tener berrinches, a exigir lo que deseabas con todas tus fuerzas, a gritarme, a pegarme, a decir NO, a frustrarte con el mundo al descubrir que no todo es como uno desea…

Y gracias a ese instinto aprendí también que había llegado el momento de ponerte límites por tu seguridad, por la nuestra, para enseñarte a lidiar con la frustración de otra forma. Aprendí que debía ponerle nombre a tus emociones y enseñarte esas emociones para que comprendieras qué te sucedía.
Poco a poco fue calando en ti y buscamos alternativas no violentas a esas sensaciones y emociones.

Mi instinto me dijo que no eras ese “niño consentido” que muchos aseguraban que eras (bueno, tú y todos los niños) sino que estabas creciendo, madurando, tus ganas de independencia iban creciendo y yo debía estar a tu lado para acompañarte en el proceso y ayudarte cuando lo necesitarás (y lo necesites, porque sigues necesitándolo), tú solo no podrías aunque muchos me dijeran que sí.

Cuando llegó la hora de la “escolarización” mi instinto me habló una vez más, de ti, hijo mío, me dijo que aún no estabas preparado, que esperara si era posible. De ti, hija, me dice que ya estás lista y que deseas probar. Si una vez allí mi instinto me dice que no estás bien tendré claro qué hacer.

Mi instinto, en esos periodos en los que apenas quieres probar bocado, me ha enseñado con el tiempo que no debo preocuparme, que debo seguir confiando en ti, que estás bien, solo que ahora creces más lentamente y no necesitas comer tanto, que debo dejar de preocuparme tanto. Otras veces lo devoras todo y sé que te toca dar un buen estirón…

Mi instinto me dice que, cuando te pones nervioso, te frustras o te enfadas y sueltas todas esas palabrotas que aprendiste por ahí, o te enfadas conmigo, o respondes mal…mi instinto, me dice que estás entrando en una edad difícil, que no sabes lo que dices ni lo que haces, que actúas desde la ira y que es mi responsabilidad enseñarte, una vez más, a lidiar con nuestras emociones de otro modo, huir de la violencia y aprender a gestionar la ira de forma que no dañemos a nadie…aunque aún me cuesta mucho, lo reconozco, mi instinto me dice que seguro acabará por calar en ti como siempre lo ha hecho y dejarás de comportarte así si te contengo y te doy mi amor aun en esos momentos en los que me dan ganas de desaparecer.

Mi instinto me dice que todavía me necesitas como cuando eras mi bebé, que aunque estás creciendo a pasos agigantados y ya no eres mi bebé y eres cada vez más independiente, necesitas sentirme cerca, dormir a mi lado, saber que estaré ahí cuando lo necesites y saber que puedes confiar en mí.

Mi instinto me dice que debo apoyarte en todos tus proyectos, tus pasiones y tus ilusiones si estas no dañan a nadie más. Solo así sentirás la seguridad suficiente como para llevarlos a cabo. Ya tengas 3, 6 o 30 años, mamá seguirá apoyándote mientras le queden fuerzas.

Mi instinto me dice que debo darte alas, fuertes, bien fuertes y grandes, para que logres tus metas y tus sueños, que para ello debo darte la certeza y seguridad de que, si caes, podrás volver al nido tantas veces como necesites hasta que emprendas el vuelo y vueles alto, muy alto, mucho más alto de lo que volé yo…

Un día serás adulto y te marcharás de aquí para emprender tu propia vida, tal y como hice yo en su día, por eso me alegro tanto de que, al final, haya aprendido a dejarme llevar por ese instinto maternal que me dice qué debo y qué no debo hacer, de haber aprendido a ignorar tanto consejo desde el desconocimiento y no pedido que me han dado y me dan…porque al menos, habré contribuido a hacerte un poco más feliz durante todo este proceso de crecimiento durante tu crianza y más allá.

Tu madre no es perfecta, ¿verdad cariño?, me enfado, grito, a veces puedo ser injusta, otras puedo parecer injusta porque aún no comprendes bien por qué no puedes hacer algunas cosas, incluso a veces puedo sentirme tan mal que puedo llegar a ser cruel contigo y decirte algo que te duela en el corazón. Lo sé y te pido disculpas. Al fin y al cabo soy humana además de tu mamá, cometo errores, ya ves que los adultos también hacemos cosas mal, pero siempre intento mejorar, siempre intento dejarme llevar por ese instinto para respetarte, a ti y a tu forma de ser todo cuanto esté en mi mano, para ayudarte a crecer siendo el niño, la niña maravillosa que eres hoy.
Cuando me dices: -¡Mami, eres la mejor mamá que tengo!-, aparte de hacerme reir me haces sentir dichosa y feliz, me haces sentir que al fin y al cabo no lo estaré haciendo tan mal y que es la sociedad la que se empeña y le interesa hacernos sentir culpables a las madres.

Gracias por convertirme en madre y hacer que apareciera ese maravilloso instinto maternal…porque cambiaste mi forma de ser para bien, me hiciste ser mejor persona y luchar cada día por mejorar más y más, por vosotros, por los demás, por mí misma.

domingo, 14 de febrero de 2016

Me gusta San Valentín, ¿y a ti?

Hoy es San Valentín y ya ando rayada de tanta cosa que se lee en las redes...así que dejo mi reflexión.
Vamos a ver una cosa...

Vale todo el rollo que soltáis de que San Valentín lo inventaron los centros comerciales y tal y pascual...que hay que quererse todo el ano (cosa con la que estoy de acuerdo) todo esto estaría genial si esto fuera una realidad, imagino que así os quedareis tranquilos de no "tener un detalle" hoy....

Pero es que....¿cuántas veces al año tenemos (todos) momentos y detalles románticos con nuestra pareja, momentos de AMOR con nuestra familia? Siempre el trabajo, casa, hijos, amigos...¿y los detalles?
Detalle no es convivir en armonía como sería lo normal o que nos acordemos de el día de su  cumpleaños o del aniversario... detalle romántico es que, un día sin venir a cuento, nos traigan unas flores, o nos lleven a cenar, o nos regalen algo que saben que deseamos, (y viceversa) o simplemente, nos abran su corazón y sean como eran al principio por un rato....pero como la rutina y la falta de tiempo hace que esto sea casi imposible... ¿qué carajos hay de malo en que exista un día en el que celebrar el amor?

Y ojo, ya no sólo romántico, sino a nuestros hijos, familia, amigos...a la vida.

¿Por qué no celebrarlo un día concreto y así, garantizarnos, al menos un día al año amándonos y disfrutando de la compañía del otro con calma, de hacer algo especial juntos?

Pues a mí sí me gusta este día y me gustaría poder celebrarlo como me pide el corazón, independientemente de si me cuesta dinero o no... ¿acaso no gastamos cada día?, ¿por qué no sorprender a la persona amada este día con un detallito? A mí me gustaría...
Para mí este sí es un día especial.

martes, 11 de agosto de 2015

Nuestro reflejo en nuestros hijos

Observar nuestra forma de actuar y enfrentar la vida reflejada en el comportamiento de nuestros hijos en ocasiones nos hace sentir orgullosos, pero no siempre es así, también se refleja lo malo, lo peor de nosotros.
Esto hace que nos demos cuenta del inmenso trabajo interior que tenemos por delante, que somos el principal referente de nuestros hijos y que ellos harán y actuarán como nosotros lo hagamos.

Quizá no te guste lo que te voy a contar, es normal, a todos nos pasa, es difícil asumir que tenemos la enorme responsabilidad de ser el ejemplo directo de nuestros hijos, que nuestro comportamiento, nuestras carencias emocionales recaen directamente en lo que transmitimos a nuestros hijos como padres, pero así es.
No te culpo, a nadie, a mí también me ha pasado.
Y es que estamos sometidos a un modelo de sociedad y de vida muy duro, que nos mantiene estresados, sobrepasados, ansiosos...y cuesta mucho a veces mantener la cordura, incluso por nuestros hijos.
A esto hay que añadirle los patrones de comportamiento y crianza que todos llevamos interiorizados desde nuestra infancia y que, sean buenos o no, nos gusten o no, a veces salen irremediablemente y de manera automática.

A la hora de ser consciente de esto a mí me ayuda mucho pensar en mis hijos.

Si para ti es válida la violencia en determinados momentos, para ellos también lo será,
si tú desprecias a las personas por su condición, género, raza, religión, etc delante suya, ellos también lo harán tarde o temprano,
si eres mal hablado/a, chavacano en tus palabras, ellos también lo serán.
Si eres dejado, desordenado, si no te esfuerzas en conseguir lo que deseas de manera sana, ellos entenderán que esa es la manera válida de hacer las cosas.
Si te quejas por todo, ellos también lo harán, no te quepa duda.
Si te burlas de ellos, los etiquetas, los insultas, los amenazas, los chantajeas, los manipulas, los ignoras, si nunca estás disponible cuando te necesitan y todas sus necesidades te parecen chorradas, si te molesta que sean y se comporten como niños, ellos no sólo sentirán que no les importas, que no son lo que tú esperabas de ellos y que su autoestima no vale nada, que se lo merecen, no sólo se sentirán sólos e incomprendidos, también interiorizarán que está bien tratar así a un niño e imitarán tu forma de tratarlos en cuanto tengan ocasión: con su hermana/o pequeño, con sus compañeros, amigos...incluso con nosotros mismos.
Si respondes de manera violenta a la frustración ellos aprenderán que esa es la forma de librarse del estrés, del enfado, de la frustración.

Si gritas por todo, si la falta de paciencia te hace perder los nervios y pasas el día gritando y regañando, ellos pensarán que todo lo hacen mal y además, aprenderán a responder a gritos como tú.

Si tú no eres feliz con tu vida y/o tu p/maternidad, ellos se sentirán mal e incluso culpables. Ellos tampoco serán felices. Se dan cuenta de más cosas de las que tú piensas.

Estos son sólo algunos ejemplos...

 Aquí no vale el "haz lo que yo diga pero no lo que yo haga " No podemos, por ejemplo, exigir a nuestros hijos que no digan palabrotas si nosotros nos pasamos el día diciéndolas delante de ellos .

Nunca olvides que los niños son como esponjas, lo absorven todo, más aún lo negativo y aprenden por imitación de sus adultos de referencia.
Tus hijos son tu fiel reflejo, te guste o no.

También debo decirte que diferencies entre comportarse como un niño, con todo lo que conlleva, y comportarse tal y como lo hacemos nosotros, como un adulto en miniatura, comportamientos que se salen de los comportamientos inocentes de un niño.

Amigo/a, mírate en el espejo de tus hijos. Observa cómo son y cómo se enfrentan al mundo. Si ese reflejo no te gusta, si te parece que se portan mal no los culpes a ellos, ellos no son los malos, los dictadores, los mal hablados, los mal educados, los quejicas, los violentos, los estúpidos, los lloricas.... Amigo, antes de culparlos a ellos, piensa que son, en gran parte, tu reflejo.

No los castigues, no sirve de nada, salvo para agravar la situación, en cambio, enséñales qué es lo correcto A TRAVÉS DE TUS ACTOS.

Mírate a ti misma/o, perdónate y trabaja interiormente eso que deseas cambiar en tus hijos. EMPIEZA POR TI, enfréntate a tus demonios y gana la batalla, aunque sea dura merece la pena por mejorar, por ti, por ellos.

No te olvides de que tú eres su ejemplo a seguir durante el resto de sus vidas.
Ellos, con los años, tendrán su propia personalidad y está en gran medida se habrá formado durante su infancia.

SÉ EL ADULTO QUE QUIERES QUE TUS HIJOS SEAN EL DÍA DE MAÑANA.

jueves, 30 de julio de 2015

Abierto por vacaciones



Estimadas amigas, estimados amigos, madres, padres y lectores.

Quienes me seguís por las redes sociales seguramente ya conozcáis las causas de mi ausencia de este blog al cual, por otra parte, tanto hecho de menos. Igual que cuando la pobreza entra por la puerta el amor sale por la ventana, cuando lo que entran son las preocupaciones y las ocupaciones forzosas normalmente los demás trabajos y tareas salen huyendo. Y en mi caso es lo que me he ocurrido: problemas familiares, personales, circunstancias complejas, el cuidado de dos hijos que afortunadamente crecen sanos pese y fuertes y un deseo latente de seguir escribiendo, de seguir estando aquí y de manterme activa.

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